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domingo, 3 de abril de 2011

Sabor.


-De mango por favor- ese era el sabor del que ella siempre pedía los helados, y esa tarde de abril ameritaba pedir uno doble. Fue a sentarse a una banca del parque, había aprendido a disfrutar esos momentos de soledad, viendo pasar a personas paseando a sus perros, niños jugando y "parejitas" mostrando lo enamorados que están; esas escenas de amor unos meses antes le partían el alma, de hecho evitaba salir a lugares donde podía encontrarse "parejitas", osea no salía casi nunca, ella le llamaba a esa etapa "la etapa gris", originada por quien pensó era "su otra mitad", le había roto el corazón y destruido todas sus ilusiones y planes, ahora esa etapa ya la había dejado atrás, la había superado, estaba tan segura de ello que habían logrado llegar a ser amigos, no los mejores amigos, pero podían verse, salir e interactuar sin tensiones y lo hacían con gusto; de hecho lo estaba esperando, había llegado antes de la hora acordada para disfrutar de un momento sola. Ahí venía él, pasando la fuente del centro del parque, venía con su estilo favorito para vestir, el mas cómodo: una playera, unas bermudas y unos tenis, y aún así captaba miradas, ella siempre se lo atribuyó a su porte; llego hasta la banca, se acercó y le dio un beso en la frente, le reprocho el no haberlo esperado para comprarse el helado, ella le contesto sólo con un gesto de niña traviesa. Se sentó alado de ella, la conocía tan bien que sabía que ella detestaba que la interrumpieran cuando estaba saboreando su helado. Se pus a observarla como comía a su lado y dejo escapar una leve risa, ella le pregunto de qué se reía - Recordé que decías que mis besos sabían a mango- el comentario la tomó desprevenida y sólo atino a contestar - Sí eso decía- el rubor de sus mejillas la delató, recordar ciertos detalles de su relación todavía le secaban la boca; ese comentario la dejo pensando y no podía recordad si su gusto por el helado de mango había nacido antes de probar los besos de él o después; se sacudió la cabeza como queriendo alejar esas preguntas y se concentro en el momento, platicaron, fueron a comer, rieron, lo que siempre pasaba cuando se veían, tenían una afinidad única, tanto que saltaba ala vista y quienes los conocían o llegaban a convivir con ellos lo notaban al momento.
Termino ese día, un día excelente, quedaron de verse a la siguiente semana. Esa noche ella los soñó, juntos como antes, enamorados y compartiendo un helado de mango. Al despertar ella tomo ese sueño como algo revelador.
Llegó el siguiente sábado, habían quedado de verse en el mismo lugar; justo estaba pasando la fuente y lograba verla a lo lejos y pensó -"El mismo parque, la misma banca, la misma pierna cruzada y comiendo helado"- y sonrió, le daba una sensación de calor en el pecho saber que la conocía tan bien y que ella había cambiado tan poco después de todo lo que había sucedido y el tiempo que había pasado, eso mismo le había hecho reconsiderar el tratar de arreglar las cosas entre ellos y volver a intentar estar juntos, él ya habñia aprendido de sus errores y estaba dispuesto a demostrarle a ella que así era y que no pretedía volverlos a cometer, estaba seguro de que la amab y no quería perderla, sólo faltaba saber si ella pensaba lo mismo. Llego hasta la misma banca, se acercó y beso su frente, se sentó, le pasó el brazo sobr elos hombros y justo cuando iba a comenzar a hablar vio que ella estaba comiendo una nieve de limón...

1 comentario:

  1. No maaaaaaaaa!!... qué buena historia... qué triste, por otro lado...

    Desde el 2011, comadre... siga escribiendo, que lo hace muy bonito.

    Yo nomás aquí de metiche ;)

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