lunes, 14 de noviembre de 2016
Insomnios
Y de nuevo escribo sin que me leas y sin intención alguna de que lo hagas; lo hago "por no dejar", por no olvidar, por no superar; por no superar todo eso que está impregnado de ti, de tu presencia, de tu sombra, de tu hedor, pues es tan difícil sacudir ciertas cosas de tu ser, que es como mantener un cadáver bajo la cama y no me deja dormir ¿quién podría dormir con un muerto debajo de sí?
Te culpo por eso de mis insomnios, de mis malos sueños, de las noches que parecen no terminar, revolcándome en la cama tratando en vano de atraer a Morfeo e intentando, con menos éxito aún, el alejar los recuerdos. No te extraño, ya no, no te confundas, pero tu recuerdo, esas memorias de tiempos mejores, de horas sostenidas en sueños, deseos y promesas no dichas, de miradas que contenían el secreto del universo mismo, de abrazos que parecían susurrar cálidamente el sentido de todo, y los besos, oh, esos besos que desentrañaban el sentido de la vida misma, de nuestra presencia aquí o por lo menos eso queríamos creer, eso nos hacíamos sentir. Pero la vida no está hecha de misticismos ni romanticismo, parece ser que está hecha de historias prefabricadas, de moldes y caminos trazados en los que no cabe la incertidumbre de volar o soñar. Y así fue como perdimos las alas y nos robaron la magia y se desvanecieron las ilusiones de explorar y las ganas de imaginar, y permitimos que así fuera, nos convencimos de aterrizar y caminar pues es mas convencional que flotar; y así nos dejamos matar, permitimos que aquella música dejara de sonar y la luz se terminó, algo se nos murió; y eso es lo que extraño, lo que me roba el sueño por tantas noches, lo que no me deja estar en paz, es como haber perdido la razón y recuperar la sanidad para solo darse cuenta que es fría y gris, que te congela por dentro y te plastifica una sonrisa macabra en el rostro; y así quien no querría volver al manicomio otra vez, ser de nuevo lunáticos, en eso consiste la locura: en querer regresar al psiquiátrico "una vez más" para volver a probar un poco de ese mal que hace tanto bien.
Por eso te digo que no te extraño y no eres tú el que duele, es esta maldita realidad...
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